Bloggers: Fútbol en Andalucía
LA PAZ DE PUERTA
En Sevilla ya nada será lo mismo. En Sevilla ya no se podrá entrar en el Sánchez Pizjuán como se ha hecho siempre. En Sevilla ya no se podrá poner un número 16 a la espalda de una camiseta blanca. En Sevilla ya no se podrá ver un partido de fútbol, ni jugar al fútbol, ni hablar de fútbol, ni pensar en fútbol, sin acordarse uno de Puerta.
La zurda de diamante como lo bautizó Del Nido de forma póstuma, aunque bien se merecía el calificativo, era un hombre que marcaba en el cara a cara y que ha dejado una huella tan profunda que ni siquiera las cinco mil personas que había a las puertas del Ramón Sánchez Pizjuán a las 11 de la noche del día que se nos murió, ni los miles más que se fueron dando cita después, me van a poder llenar. Ni los aplausos de la gente cada vez que llegaba una visita, ni el dolor de sus compañeros, ni el de los muchos que se fueron y volvieron para recordarlo cuando estaba en aquella mesa del hospital para contar las horas junto a nosotros, o para velarlo cuando ya no había nada que contar, sólo que lamentar.
Es como una maldición. Cuando la mujer de Berruezo se enteró de lo sucedido, sufrió una crisis de ansiedad, una plaga de tristeza porque el mismo mal que se llevaba a su marido del campo hace ahora 30 años volvía a cebarse con el Sevilla cuando parecía más grande, mas indestructible, más coloso que nunca. Y sin embargo, tan vulnerable en el fondo con una pena que nos ha embargado a todos. En Sevilla ya no hay consuelo para nada ni para nadie. Al menos pasan las horas, y nos queda la imagen de Manuel Ruiz de Lopera ofreciendo su hombre a José María del Nido en su propia casa, lo que algunos ya se atreven a mencionar como La Paz de Puerta.
Maldita la hora en la que la ausencia de Antonio valió para que Sevilla y Betis, Betis y Sevilla, se pusieran de acuerdo por una vez. Será por la pena, la verdadera pena que inundaba el alma de Del Nido y de Lopera, el primero verdaderamente hundido, tocado a más no poder desde lo más profundo no sólo de su sentir sevillista, sino de su condición humana ante esta injusticia del destino; el segundo, que había hecho una tragedia como propia desde lo más hondo de su corazón, tratando de compartir una carga que a todos nos pesa por igual, pero que nadie puede quitarnos. La muerte de Antonio no sirve para nada ni tiene nada de positivo, pero si sirve para que Betis y Sevilla, Sevilla y Betis, sean lo que han debido ser siempre, tendremos un motivo más para nunca olvidarle. Claro que tampoco nos hacía falta.
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31.08.2007